Artículos de Coaching

Lecciones de viaje

"La vida está hecha de experiencias, momentos y amigos, no de posesiones"

Lecciones de viaje

Ya sea un viaje al extranjero, tu primera vez con amigos o solo ¿Recuerdas la sensación de excitación mezclada con el miedo?  ¿Las mariposas?  ¿La necesidad de probar que podías hacerlo, no sólo por los demás, sino también para ti mismo?

Aún recuerdo mi primer viaje al extranjero solo, con apenas 20 años viajando a Bolivia, mochila a cuestas y pasaporte en mano, la aventura por delante y ninguna idea real de lo que me esperaba. Estaba en ese momento muy lejos del joven seguro de sí mismo que estaba sentado en aquella barca de totora navegando en el que se dice fue la cuna de los incas, el lago Titicaca.

Por mis experiencias vividas en viajes aportaré algunas lecciones que aprendí y que hoy deseo compartir con vosotros.

Una experiencia no tiene precio

Racionalizo mi proceso de toma de decisiones en torno al dinero casi todo el tiempo en el «mundo real».  Sopeso las opciones, considero cuidadosamente una compra y hago mi investigación. Nunca he cuestionado ni una sola vez el dinero que gasté en un viaje o una experiencia. El último modelo de iPhone de 1.200 € es un artículo encantador, pero no se puede comparar con una caminata por el inmenso salar de Uyuni o el sentir de una lluvia torrencial en plena selva.

Nunca estás solo

Aprendes a saludar a los extraños y empiezas a entender que al final del día el extraño puede ser tu mejor amigo. Nadie sabe que eras el chico al que insultaban en la escuela o la chica que se rapó el pelo en segundo de la eso porque su amiga la convenció. Pero todo eso tampoco importa. Haces amigos, construyes lazos profundos y creas una familia viajera. Creas conexiones que duran toda la vida sólo con aprender a saludar. Viajar solo nunca es viajar solo.

Tu visión del mundo cambia, para mejor

Ves la vida de cerca desde una perspectiva diferente. El Che viajó por Sudamérica y comenzó una revolución; Darwin contempló los orígenes de la vida en las Galápagos y tu compararás todo lo que experimentes con el mundo que conocías antes. Conoces a gente de todos los rincones del mundo y tu visión del mundo se expande, es desafiada y te conviertes en parte de la comunidad global en lugar de sólo la comunidad local donde creciste.

Sientes el miedo y lo haces de todas formas

Tienes la oportunidad de probar cosas que nunca probarías en casa. Te empujas a ti mismo fuera de tu zona de confort. Desafías tus miedos, tus creencias. Te vuelves a conectar con viejos hobbies y encuentras otros nuevos. A veces lo nuevo da miedo, pero nunca te arrepentirás de la experiencia.

Aprendes que puedes manejar cualquier cosa que la vida te arroje

Resuelves problemas, superas desafíos y aprendes a sobrevivir en situaciones locas. Aprendes a planear rutas, averiguar los horarios de los autobuses, negociar con los lugareños, ciudades, encontrar los mejores lugares para comer y aprender la cultura local. También es probable que te subas al autobús equivocado y sólo te des cuenta a las horas de viaje y necesites encontrar un plan B. Pero si puedes sobrevivir por tu cuenta en América Latina, o aprender a esquivar vacas en la India, cruzar las carreteras en Tailandia, entonces no hay nada que te detenga cuando llegues a casa.

Aprendes a ser dueño de tu tiempo

Despertarse cada mañana sin una agenda puede ser increíblemente desalentador al principio. Estamos tan acostumbrados a planificar nuestros días, sabiendo a qué hora tenemos que levantarnos, ir a trabajar, o completar las listas de tareas, que es un choque cultural cuando no hay una agenda. Despertar y decidir cambiar de hostal, ciudad y país es enormemente liberador. Puedes decidir si ese «hay que ver» es un «hay que ver» para ti, o no. Puedes decidir si quieres pasar el rato en el hostal de la fiesta, o no. Puedes saltarte ciudades, países y experiencias en tu tiempo libre. Es tu tiempo, tu experiencia y tu viaje. Te conviertes en el amo de tu destino.

Aprendes a ser flexible

Ese autobús en el que planeabas subir, decidió no salir ese día. Hubo un huracán y la playa a la que planeabas llegar es ahora inalcanzable. La persona que esperabas conocer pasó la noche de fiesta y está incomunicada. Tienes que mantenerte en pie, las cosas cambian todo el tiempo en el camino, y te guste o no, aprenderas a relajarte en estos casos y a no estresarte por las cosas pequeñas; después de todo, todo es una aventura.

Las cosas van «mal»

Planeas ciertas cosas y luego conoces a alguien y cambias de opinión. Tomas un autobús y se rompe y tienes un encuentro casual con alguien que no habrías conocido. Das un giro «equivocado» y te encuentras con un lugar poco conocido donde te lo pasas mejor. No existe el «mal» en el camino; cada decisión te da una experiencia, oportunidad o lección. Tu viaje se desarrolla, como debe ser.

Aprendes a estar realmente presente

En cada momento en lugar de revisar tu teléfono o redes sociales, simplemente existes en el momento y realmente aprecias cada parte de él. Aprendes a bajar la cámara y a absorber el momento para tenerlo como un recuerdo en lugar de mirarlo a través de una lente.

No es el destino

La mayoría de mis historias de viaje favoritas son las que están entre los lugares a los que me dirigía.  Los viajes en autobús en la Bolivia profunda, repleto de personas, muchos de ellos campesinos, que apenas entendían el español, con su indumentaria típica y compartiendo sus historias de vida y comida, o contemplar el río de la plata en Buenos Aires mientras vuelas hacia otra ciudad. Abraza el viaje.

Menos es más

No necesitas cargar con mucho vestuario, solo lo justo y necesario. Es posible que acabes Intercambiando la ropa con los amigos que conoces en el camino, compartas todo y aprendas a usar accesorios que antes no conocías. La vida está hecha de experiencias, momentos y amigos, no de posesiones. ¡¿Quién quiere llevar más de 20 kg a la espalda?!

Los viajes te cambian

Cuando regresas de un viaje puedes volver al mundo donde lo dejaste. Lo más probable es que no lo hagas. Habrás aprendido tanto que valorarás las cosas y a las personas de forma diferente. Verás el mundo de manera diferente. Habrás crecido hasta un punto en el que cuando regreses tu confianza será mayor, con un mayor sentido de tí mismo y con el conocimiento de que puedes hacer cualquier cosa que te propongas.

Vive con tus propias reglas

No todos los que vagan están perdidos y que sólo porque «todos los demás» tengan un trabajo no significa que tú debas hacerlo. Talla tu propio camino, eres dueño de tu destino y aprende a confiar en tus instintos.

¿Trabajamos juntos?

"En cada momento de tu vida puedes reinventarte y elegir en quien te quieres convertir".

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